viernes, 25 de octubre de 2013

El altruismo en las catástrofes

Lo que nos enseña la experiencia acumulada acerca del funcionamiento de la psicología humana en las catástrofes sucedidas en las complejas ciudades del siglo XXI es que, ya sea en los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York o en nuestro fatídico 11-M, el accidente nuclear de Fukushima, o el accidente del tren Alvia, el conocimiento de que otros seres humanos necesitan ayuda inmediata activa espontáneamente procesos neuronales adaptados para el comportamiento altruista.
Hemos vuelto a presenciar en los medios cómo personas anónimas han arriesgando sus propias vidas, o al menos se han expuesto desinteresadamente a un peligro, en la labor de socorrer a las víctimas, salvar a los heridos y apoyar con lo que tenían a familias y organizaciones sociales implicadas en la catástrofe ferroviaria de Galicia. Tras el descarrilamiento del tren en la fatídica curva de Angrois, la gente acudió en masa a donar sangre, los vecinos comenzaron a sacar heridos de los vagones antes de que se organizara el dispositivo oficial de emergencias; personas corrientes aportaron mantas, agua, coches particulares y cuidados personales para atender a los heridos. Los profesionales de la policía, sanidad, bomberos, etcétera, volvieron a demostrar que, incluso en momentos de un amplio descontento en la moral cívica y profesional, la gran mayoría lo deja todo para entregar sus destrezas y conocimientos a una causa humanitaria urgente.

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